La vida es compleja, la vida del corazón es aún más
complicada, como resultado de ello nuestra humanidad ha evolucionado marcando
momentos decisivos que forjan nuestra identidad. Esta es la historia de
nuestras vidas, la historia que termina pero nunca termina. Así son hoy mis
días en la neblina de los recuerdos neoyorkinos.
Tan sólo hace un par de meses discutíamos de las cuestiones
banales de la vida sin valorar ambos nuestro futuro, un futuro que nos alcanzó
y al que quizás no estábamos preparados el uno para el otro, un destino que no
parecía ser el mismo para ambos. La vida
nos dio la razón, hoy tú en Marruecos y yo caminando con mis pensamientos en
Manhattan, la inmensidad de Central Parck no es tan extensa en comparación con tu recuerdo. Pero aún así me aferro tanto
a ti que me es imposible olvidarte.
Fue duro decirle adiós y quizás el modo no fue el más
adecuado cuando no éramos felices plenamente, quizá por cobardía no pude
enfrentarla a la cara y tal vez sea ésta la fuente de mis desdichas. Luego de
intensos cuatro años en donde compartimos nuestras vidas, nuestros sueños,
ambos nos hiciera a nuestros modos, la vida y las circunstancias nos llevaron
por el camino equivocado, un camino de dudas e inseguridades que nos separaron
para siempre. Tú te fuiste a recorrer el mundo mientras yo me quede recorriendo
mis pensamientos, pensamientos en los que siempre hayo un recuerdo, un momento,
una sonrisa de muchas que juntos compartimos.
No cabe duda que cuando amas tanto a alguien llegado el
momento debes tener la madurez para dejarla ir; hablar de cosas del amor no es
fácil menos cuando la costumbre y el corazón se entremezclan.
La suave brisa toca mis manos al caminar mientras las hojas
secas caen de los árboles, ha iniciado otoño y
luego de varios meses se que estas bien y yo debo confesar no estar tan
a gusto con mi soledad.
Aún tengo muchas cosas que decir pero quizás algún día
nuestros caminos vuelvan a cruzarse, mientas tanto seguiré viendo pasar las
estaciones, los días y los meses sin tu presencia, tal y como lo es hoy en
otoño.
Lo único cierto es que la vida se las ingenia para obligarnos
al reencuentro, al menos de nuestros pensamientos una y otra vez.
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